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Coaching TDAH y ejercicio físico — estudio piloto
Coaching TDAH y ejercicio físico — estudio piloto Coaching de TDAH asistido con ejercicio físico grupal: un estudio piloto sobre funcionamiento cotidiano y calidad de vida en adultos Resumen El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en adultos se asocia a un deterioro funcional significativo, con una oferta de tratamientos no farmacológicos todavía limitada. Este artículo presenta el análisis de un estudio piloto naturalista (2021) que combinó un programa grupal de coaching psicológico en línea con un programa estructurado de ejercicio físico progresivo caminar-correr (método Galloway) de ocho semanas, apoyado en autorregistro digital (RunKeeper) y seminarios web semanales de psicoeducación. Se recogieron datos de síntomas de TDAH (ASRS, WURS), ansiedad y pánico (ASI, PDSS), depresión (BDI) y cinco indicadores de calidad de vida en una muestra de 74 personas (60 con datos sociodemográficos completos; 29 con los tres instrumentos). En un subgrupo de 6 a 9 participantes con dos medidas (pre-post) se realizaron comparaciones exploratorias mediante la prueba de Wilcoxon. El hallazgo más robusto fue una mejora significativa y consistente en el funcionamiento social percibido (6 de 6 participantes, p = .031), superior a los cambios observados en síntomas clínicos de TDAH. Se discute la novedad del formato —coaching grupal en línea, autorregistro con aplicación de consumo y gamificación mediante kilómetros acumulados de grupo— como una combinación no documentada previamente, y se plantean recomendaciones para la psicología del coaching aplicada al TDAH. Palabras clave TDAH en adultos; psicología del coaching; ejercicio físico; calidad de vida; funcionamiento social; adherencia; estudio piloto. Introducción El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) fue durante décadas concebido como un trastorno propio de la infancia. La evidencia acumulada en los últimos veinte años ha establecido, sin embargo, que entre un 70% y un 85% de los casos infantiles mantienen síntomas clínicamente significativos en la edad adulta, con un impacto documentado en el rendimiento laboral, la estabilidad de las relaciones interpersonales y el bienestar psicológico general. A diferencia de la población infantil, donde el abordaje no farmacológico —y en particular el ejercicio físico— cuenta con una base de evidencia relativamente sólida, la investigación en adultos sigue siendo comparativamente escasa y de menor calidad metodológica, lo que representa una oportunidad clara para la investigación aplicada. En paralelo, la psicología del coaching se ha consolidado como una disciplina aplicada dentro de la psicología, orientada al logro de objetivos, el desarrollo personal y el rendimiento, mediante metodologías derivadas de la psicología positiva, la terapia cognitivo-conductual y los modelos centrados en soluciones. Se trata de un campo joven, cuya base empírica ha crecido de forma sostenida desde que una revisión ya clásica constatara que, entre 1980 y 2007, se habían publicado 69 estudios de resultados sobre coaching, de los cuales ocho eran ensayos aleatorizados controlados (Grant & Cavanagh, 2007). El reto de futuro más relevante consiste en identificar con precisión creciente sus "ingredientes activos": qué mecanismos concretos explican sus efectos, y para qué población y contexto resultan más eficaces. Este artículo pretende ser una contribución a esa tarea. Dentro de esta disciplina, el coaching específico para el TDAH en adultos ("ADHD coaching") es un campo emergente. El primer estudio de resultados del que se tiene constancia (Kubik, 2010) evaluó a 45 adultos antes y después de un proceso de coaching, y encontró un impacto positivo preliminar en distintas áreas de la vida. Más recientemente, un estudio prospectivo con un protocolo de coaching manualizado de 12 sesiones individuales (Ahmann & Saviet, 2024; Ahmann et al., 2026), financiado por el programa de investigación de la International Coaching Federation, ha aportado evidencia de mejoras con tamaños de efecto medios a grandes en síntomas de TDAH, función ejecutiva y discapacidad funcional, comparables a las obtenidas con tratamiento farmacológico o terapia cognitivo-conductual. Estos resultados confirman que el coaching de TDAH es una vía terapéutica de valor, sobre la que aún queda mucho por construir: todas estas intervenciones son individuales, sin componente grupal ni de ejercicio físico estructurado, lo que deja un espacio abierto para la innovación. En cuanto al ejercicio físico como intervención específica para el TDAH adulto, la evidencia es prometedora y está en crecimiento. Un metaanálisis reciente (Dahlberg et al., 2025), sobre 13 estudios y 312 participantes de entre 18 y 54 años, encontró una reducción pequeña pero significativa de los síntomas de TDAH en intervenciones agudas de ejercicio, en un campo que —a diferencia de la literatura ya consolidada sobre infancia y adolescencia— apenas comienza a desplegar su potencial en población adulta. El ensayo clínico más próximo al diseño aquí descrito es el proyecto START (Svedell et al., 2025), un ensayo aleatorizado controlado sueco que evalúa un programa de ejercicio físico mixto de 12 semanas, liderado por fisioterapeutas, con un componente de coaching individual integrado en las sesiones supervisadas. El presente estudio se sitúa en la intersección de estas tres líneas —psicología del coaching, coaching específico para el TDAH y ejercicio físico como intervención no farmacológica— y analiza los datos de un programa piloto naturalista realizado en 2021, consistente en ocho semanas de coaching grupal en línea combinado con un programa de ejercicio progresivo caminar-correr. El contexto europeo Conviene situar este trabajo en su contexto geográfico e institucional. La psicología del coaching como disciplina académica organizada tiene un desarrollo desigual entre continentes: Australia y el Reino Unido cuentan con unidades universitarias dedicadas —la Coaching Psychology Unit de la Universidad de Sídney, fundada por Grant, y la División de Psicología del Coaching de la British Psychological Society, con su International Coaching Psychology Review—, un modelo que el sur de Europa está en condiciones de seguir. La creación de secciones específicas de psicología del coaching en colegios profesionales —como la Sección de Psicología Coaching del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, convocante del premio para el que se redacta este artículo— es una señal de esa maduración creciente: una disciplina que se está dotando de estructuras propias de reconocimiento y validación científica dentro del ámbito profesional de la psicología. El coaching específico para el TDAH representa, en este contexto, una de las fronteras de investigación más activas. La mayor parte de los estudios de resultados sobre coaching de TDAH —Kubik (2010), Ahmann y Saviet (2024, 2026)— proceden de los Estados Unidos, país donde el ADHD coaching cuenta con asociaciones profesionales propias de certificación. En Europa, la investigación relevante para el TDAH adulto se ha concentrado sobre todo en intervenciones de tipo médico o psicoterapéutico —el ensayo START en Suecia (Svedell et al., 2025) o la intervención de autoayuda por internet en Noruega (Kenter et al., 2023)—, lo que deja abierta una vía todavía poco explorada: la del coaching de TDAH en sentido propio —grupal, psicoeducativo, orientado a objetivos— desarrollado desde el sur de Europa y en población de habla hispana y catalana. Este artículo se presenta como una primera contribución exploratoria a ese campo emergente. Justificación del tema La justificación de este estudio se basa en tres vacíos concretos que la revisión de la literatura permite documentar, y que representan otras tantas oportunidades de innovación. En primer lugar, ningún estudio publicado combina un programa de coaching psicológico grupal con un programa de ejercicio físico progresivo y estructurado para adultos con TDAH. El ensayo START (Svedell et al., 2025) está liderado por fisioterapeutas y su componente de coaching es individual y subordinado al ejercicio supervisado; el modelo de Ahmann y Saviet (2024, 2026) es un coaching de TDAH riguroso y manualizado, pero sin ejercicio físico ni formato grupal. La combinación específica de ambos componentes —coaching psicológico como marco, ejercicio físico progresivo como vehículo— constituye un terreno todavía por explorar. En segundo lugar, el formato de entrega es distintivo. El programa se impartió íntegramente en línea, mediante seminarios web grupales semanales, en la primavera de 2021, un momento en que la literatura sobre intervenciones grupales remotas para adultos con TDAH apenas comenzaba a publicarse como estudios de factibilidad. El uso de una aplicación de consumo genérica (RunKeeper) como herramienta de autorregistro, integrada dentro de un marco psicoeducativo estructurado, tampoco aparece descrito en la literatura revisada: los estudios de adherencia mediante aplicaciones móviles existentes (p. ej., Du et al., 2016) se centran en población general y en programas de bienestar o pérdida de peso, no en TDAH. En tercer lugar, el mecanismo motivacional de sumar los kilómetros de todo el grupo —en lugar de mostrar solo el progreso individual— es un elemento de gamificación colectiva que la literatura de adherencia al ejercicio identifica como eficaz en poblaciones generales (Du et al., 2016), pero que no ha sido evaluado en el contexto específico del TDAH adulto. Como se expondrá en el apartado de resultados, el propio análisis de este estudio sugiere que este mecanismo —y no el ejercicio individual en sí— podría ser uno de los ingredientes activos más relevantes del programa, lo que conecta directamente con la necesidad, señalada por Lauder et al. (2024), de investigar la psicoeducación y los mecanismos grupales como posibles "ingredientes activos" de las intervenciones psicosociales para el TDAH adulto. Por último, la literatura sobre TDAH adulto y trabajo señala que las intervenciones psicosociales (d = .56) superan en eficacia a las farmacológicas (d = .19) precisamente en resultados relacionados con el funcionamiento cotidiano —no con los síntomas nucleares— gracias a la transferencia de habilidades aprendidas a contextos reales (Lauder et al., 2024). Este hallazgo refuerza la pertinencia de centrar el análisis de este estudio no solo en los síntomas clínicos, sino explícitamente en los indicadores de calidad de vida y funcionamiento (trabajo, vida social, vida familiar), un enfoque más próximo al objeto propio de la psicología del coaching que el enfoque puramente clínico-sintomático. Marco teórico El diseño del programa analizado en este artículo —y en particular la decisión de anclar el coaching grupal a un programa de ejercicio físico progresivo, en lugar de limitarlo a un formato puramente conversacional— se apoya en un cuerpo de literatura convergente sobre cognición encarnada que conviene explicitar, ya que constituye el fundamento conceptual de por qué cabría esperar que el movimiento físico module no solo la condición física sino también el funcionamiento cognitivo, emocional y social de los participantes. Cognición encarnada: el cuerpo como sustrato, no como transporte El marco teórico de referencia es el de la cognición encarnada (embodied cognition), formulado de manera influyente por Varela, Thompson y Rosch (1991) en su propuesta enactivista: la cognición no consiste en la representación interna, por parte de un cerebro aislado, de un mundo externo preexistente, sino que emerge del acoplamiento dinámico entre organismo y entorno, mediado por la acción corporal. Esta perspectiva contrasta con el paradigma computacional clásico, que trató históricamente el cuerpo como un mero vehículo de entrada y salida de información para un procesador central. La revisión de Barsalou (2008) sobre cognición fundamentada (grounded cognition) sistematiza décadas de evidencia posterior que sitúan los sistemas sensoriomotores como parte constitutiva —y no periférica— de procesos cognitivos considerados tradicionalmente abstractos, como el razonamiento, el lenguaje o la memoria. El hipocampo como arquitectura compartida entre navegación y cognición relacional Un mecanismo neurobiológico concreto que conecta el movimiento físico con procesos cognitivos de orden superior es el hipocampo. El descubrimiento de las células de lugar por O'Keefe y Dostrovsky (1971) —reconocido con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2014— estableció que el hipocampo codifica representaciones espaciales del entorno durante la navegación activa. La literatura posterior ha explorado si esta misma arquitectura participa también en procesos de memoria episódica y de proyección temporal, aunque esta extrapolación debe tratarse con cautela: la evidencia de que el hipocampo interviene en la navegación espacial es sólida y está bien establecida, mientras que su papel específico en la cognición relacional y la creatividad es un área de investigación activa y todavía no concluyente. Un dato relevante sobre la plasticidad de esta estructura en respuesta a la actividad de navegación proviene del estudio de Maguire et al. (2000) sobre taxistas de Londres, que encontró un mayor volumen del hipocampo posterior en aquellos con más años de experiencia navegando la ciudad, en comparación con controles. Este hallazgo se cita aquí no como prueba de que el ejercicio físico agrandará el hipocampo de los participantes en ocho semanas —algo que el diseño de este estudio no permite evaluar—, sino como evidencia de que la estructura implicada en la navegación espacial conserva capacidad de cambio plástico en la edad adulta en función de la actividad realizada. Alostasis e interocepción predictiva: el coste energético anticipado del esfuerzo Un tercer cuerpo de evidencia, complementario a los dos anteriores, procede del trabajo de Barrett y colaboradores sobre interocepción predictiva y alostasis. Frente al modelo homeostático clásico —según el cual el cerebro corrige desviaciones respecto a un punto de ajuste ya producidas—, Barrett y Simmons (2015) proponen que el cerebro emite predicciones interoceptivas: anticipa el coste energético de una acción antes de ejecutarla, y ajusta el presupuesto corporal (heart rate, glucosa, atención disponible) de manera prospectiva. Kleckner et al. (2017) identificaron, mediante neuroimagen, un sistema cerebral a gran escala —que incluye la ínsula, la corteza cingulada anterior y regiones límbicas— que sustenta esta regulación alostática e interoceptiva en humanos. Esta perspectiva es pertinente para el diseño del presente programa por dos razones. Primero, porque el ejercicio físico progresivo y pautado —caminar y correr en intervalos crecientes, siguiendo el método Galloway (Galloway, 2011) empleado en la intervención aquí descrita— constituye una forma concreta de exponer al sistema alostático a una carga graduada y predecible, lo que en principio favorece una recalibración de las predicciones interoceptivas del organismo respecto al coste de un esfuerzo sostenido. Segundo, porque permite formular una hipótesis mecanística, todavía no contrastada en este estudio pero coherente con su diseño: si las dificultades de autorregulación en el TDAH adulto incluyen, además de un déficit de inhibición (Barkley, 2015), una anticipación poco ajustada del coste energético que exige una tarea, entonces una intervención que entrena explícitamente el cálculo anticipado del esfuerzo —mediante ciclos programados de carga y recuperación, y no solo mediante la actividad física en sí— podría actuar sobre un mecanismo distinto al abordado por las intervenciones farmacológicas o por el coaching puramente conversacional. Esta hipótesis se retoma en el apartado de discusión. Movimiento, estado de ánimo y creatividad: evidencia conductual directa Más allá del sustrato neurobiológico, existe evidencia conductual directa y bien replicada sobre los efectos del movimiento en dos de los dominios abordados por el currículo semanal del programa (semanas 3 y 5, tabla 1). Oppezzo y Schwartz (2014), en una serie de cuatro experimentos, encontraron que caminar —tanto en cinta como al aire libre— incrementaba de manera sustancial el pensamiento divergente respecto a permanecer sentado, con entre el 81% y el 100% de los participantes mejorando su puntuación en una prueba de usos alternativos según el experimento. En cuanto al estado de ánimo, el metaanálisis de Schuch et al. (2018), sobre 49 estudios prospectivos y más de 266.000 participantes, encontró que los niveles más altos de actividad física se asociaban a menores probabilidades de desarrollar depresión (razón de momios ajustada de 0.83), lo que ofrece un respaldo epidemiológico de gran tamaño muestral —aunque de naturaleza observacional— a la relación entre actividad física y estado de ánimo que este estudio exploró con la escala BDI. Estimulación bilateral y procesamiento adaptativo El contenido de la semana 6 del programa (caminar, correr y estimulación bilateral) conecta con un mecanismo diferente: la estimulación bilateral alternante —presente de manera natural en la marcha y la carrera— es el componente central de la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), descrita originalmente por Shapiro (1989) como una técnica capaz de facilitar el procesamiento adaptativo de material emocional perturbador. Si bien el mecanismo neurofisiológico exacto de la estimulación bilateral sigue siendo objeto de debate y de investigación, su inclusión como contenido psicoeducativo del programa es coherente con la hipótesis de que el movimiento alternante del cuerpo —no solo su componente aeróbico— puede tener relevancia para la regulación emocional. Síntesis Tomados en conjunto, estos hallazgos —procedentes de la neurociencia básica (O'Keefe & Dostrovsky, 1971; Maguire et al., 2000), la ciencia afectiva y la neurociencia de la predicción (Barrett & Simmons, 2015; Kleckner et al., 2017), la psicología cognitiva experimental (Oppezzo & Schwartz, 2014; Barsalou, 2008), la epidemiología psiquiátrica (Schuch et al., 2018) y la psicoterapia del trauma (Shapiro, 1989)— convergen en una misma idea: el movimiento corporal no es un mero facilitador externo del bienestar, sino que participa de manera constitutiva en procesos cognitivos, emocionales y regulatorios que la práctica del coaching aborda directamente. Esta convergencia, sistematizada en la literatura de divulgación científica (Orrego Bravo, 2026) dirigida a público general y no revisada por pares, es la que orientó conceptualmente el diseño del currículo psicoeducativo semanal descrito en el apartado de metodología. Se cita aquí exclusivamente como antecedente conceptual del diseño de la intervención, y no como evidencia científica en sí misma, que reside en los estudios primarios referenciados en este apartado. Hipótesis de trabajo Dado el carácter exploratorio y piloto del estudio —sin grupo control ni asignación aleatoria—, las hipótesis se formulan como orientadoras del análisis y generadoras de hipótesis para investigación futura, no como hipótesis confirmatorias en sentido estricto: H1. La participación en el programa de coaching grupal con ejercicio físico estructurado se asociará con una reducción de los síntomas nucleares de TDAH autoinformados (ASRS) entre la medida basal y la medida posterior al programa. H2. La participación en el programa se asociará con una mejora en los indicadores de funcionamiento cotidiano percibido (trabajo, vida social y vida familiar), independientemente de que se observen o no cambios en los síntomas clínicos. H3. La mejora en el funcionamiento social será más consistente y de mayor magnitud que la mejora en los síntomas clínicos, en coherencia con el componente grupal y social explícito del programa. H4. La frecuencia de ejercicio físico previa al programa no predecirá por sí sola la severidad sintomática basal, lo que sugeri