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EL 44º CROSS NOCTURNO DE VILLENA DEMUESTRA QUE, EL QUE PIERDE ES EL QUE NO SE APUNTA
Chelo Pardo García, corredora del Club Atletismo Promesas, reivindica el deporte como salud, confianza y alegría en una de las pruebas más queridas de las fiestas de Villena El deporte también es una forma de encontrarse con uno mismo, de hacer amigos, de superar límites y, sobre todo, de disfrutar del camino. Esa filosofía encarna a la perfección Chelo Pardo García, corredora del Club Atletismo Promesas de Villena y una de esas personas que han hecho del atletismo una manera de vivir y de compartir. Con la mirada puesta en el 44º Cross Nocturno de Villena, organizado con el apoyo de la Concejalía de Deportes, Chelo recuerda que esta carrera es mucho más que una competición: es uno de los grandes preludios de las fiestas de Villena. “El Cross de Villena es el preludio a la fiesta. Es esa alegría que hay en Villena un poco antes de fiestas, con las calles llenas, la música, los arcos y todo el mundo animando”. Y es precisamente esa conexión con la ciudad la que hace especial esta prueba. Correr por las calles de Villena, rodeado de familiares, amigos y vecinos, convierte cada kilómetro en una experiencia compartida. “Correr aquí, que te conoce la gente, es muy bonito”, explica Chelo. Pero detrás de cada corredor hay una historia. Y la de Chelo comenzó casi por casualidad, de la mano de su hermano Pascual Pardo, uno de los fundadores del Club Atletismo Promesas. Primero fueron pequeños entrenamientos, después las vueltas a la pista y, más tarde, las carreras y las medias maratones. También recuerda con especial cariño aquella época en la que un numeroso grupo de mujeres salió a correr por las calles de Villena. “Éramos el terror de las calles”, recuerda entre risas. Desde entonces, Chelo ha mantenido una constante: contagiar a los demás las ganas de correr. Ha animado a muchas personas a acercarse al club y al atletismo, convencida de que no hace falta ser una gran atleta para empezar. Porque, para ella, correr no consiste únicamente en llegar el primero. “Lo principal es el camino, no la meta. La meta es el resultado, la consecuencia del esfuerzo”, afirma. Una filosofía que resume perfectamente el espíritu de una prueba popular como el Cross Nocturno: aquí cada participante tiene su propia victoria. Para unos será ganar, para otros mejorar su marca, terminar la carrera, compartir kilómetros con amigos o, simplemente, atreverse a ponerse un dorsal por primera vez. Y Chelo lo tiene claro: “El que pierde es el que no se apunta”. El atletismo también le ha permitido descubrir lugares, vivir experiencias y superar retos que antes parecían imposibles. Recuerda, por ejemplo, la emoción de subir corriendo hasta la Magdalena de Novelda después de haber contemplado durante años su santuario desde la carretera. O aquella primera media maratón en Benidorm, bajo una intensa lluvia. Porque correr también es descubrir que muchas veces somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos. Por eso, a quienes aseguran que no tienen tiempo para entrenar, Chelo les responde desde la experiencia: “Si te gusta, hay tiempo”. Ella misma se levanta temprano, incluso antes de las seis de la mañana, y sale a correr acompañada de su perra Candy. Y a quienes nunca han corrido y piensan que no están preparados, les lanza un mensaje todavía más importante: “Claro que pueden y claro que valen. Todo el mundo puede”. No hace falta correr rápido. No hace falta ganar. Ni siquiera hace falta completar kilómetros. Se puede empezar caminando, alternando carrera y caminata, hablando con los compañeros y encontrando poco a poco ese ritmo propio que Chelo define, con humor, como el “ritmo de charreta”. Porque el deporte también es salud mental. Es desconectar durante un rato de los problemas, volver a casa con otra perspectiva y comprobar que el esfuerzo tiene recompensa. “Cuando vuelves ya vienes contenta y lo ves todo de otra manera”, explica. Historias como la de Chelo recuerdan por qué hacen falta más corredoras, más mujeres, más personas que se atrevan a ponerse unas zapatillas y salir a la calle. Personas que entiendan el deporte no solo como competición, sino como una herramienta para ganar salud, confianza, autoestima y felicidad. El 44º Cross Nocturno de Villena vuelve así a reivindicar su esencia: una carrera para los grandes atletas, pero también para quienes corren por primera vez; para quienes buscan una marca y para quienes simplemente quieren disfrutar; para quienes llegan delante y para quienes llegan detrás. Porque, al final, todos cruzan la misma meta. Y en Villena, además, lo hacen rodeados de una ciudad que anima, acompaña y celebra. Este septiembre, ponerse un dorsal también será una manera de empezar las fiestas. Porque en el Cross de Villena no pierde quien llega el último. Pierde quien decide no intentarlo.