
Primero Dios, con Gerardo Farías
HECHOS 10 - EL EVANGELIO ES PREDICADO A LOS GENTILES
Hechos 10 marca un momento decisivo en la expansión del evangelio. Hasta ese momento, los primeros cristianos eran mayormente judíos y todavía cargaban con muchas barreras culturales y religiosas respecto de los gentiles. Pero Dios tenía un plan mucho más amplio. El evangelio no debía quedar encerrado dentro de las fronteras de Israel: debía llegar a todas las naciones. Lo notable del capítulo es que Dios toma la iniciativa en ambos lados de la historia . Primero habla con Cornelio, un centurión romano que buscaba sinceramente a Dios. Un ángel le ordena enviar hombres a Jope para buscar a Pedro. Mientras esos hombres están en camino, Dios comienza a trabajar también en Pedro. El apóstol recibe la visión del lienzo que desciende del cielo con animales considerados impuros y escucha la voz: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15). La visión no tenía como propósito principal hablar sobre la alimentación, sino preparar a Pedro para comprender algo mucho más profundo: no debía considerar impura a ninguna persona a quien Dios quería alcanzar con su gracia . Pedro mismo explica la enseñanza cuando llega a casa de Cornelio: “A mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:28). Pedro todavía tenía prejuicios que superar. Era apóstol, había caminado con Jesús y había recibido el Espíritu Santo, pero aún necesitaba que Dios ampliara su comprensión de la misión. Esto nos recuerda que incluso personas sinceramente comprometidas con Dios pueden levantar barreras que Dios nunca levantó. A veces pensamos que ciertas personas son demasiado diferentes, demasiado lejanas, demasiado endurecidas o demasiado ajenas a nuestro ambiente para recibir el evangelio. Pero Dios puede estar trabajando en ellas mucho antes de que nosotros lleguemos. Cuando Pedro comienza a predicar en casa de Cornelio, presenta a Jesucristo: su ministerio, su muerte, su resurrección y el perdón disponible para quienes creen en él. Entonces ocurre algo inesperado: el Espíritu Santo desciende sobre los gentiles mientras Pedro todavía está hablando . Dios no espera siquiera que Pedro termine su sermón. Él mismo confirma que esos gentiles también pertenecen al pueblo que está formando por medio del evangelio. Pedro finalmente declara: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34). Esa es una de las grandes verdades de este capítulo. La iglesia no decide quién merece escuchar el evangelio. Dios ya ha decidido que el evangelio es para todos. Nuestra responsabilidad no es seleccionar a quién alcanzar, sino estar disponibles para ir donde Dios nos envíe. Por eso, nuestra oración no debería ser solamente: “Señor, dame oportunidades para predicar”, sino también: “Señor, quita de mí todo prejuicio que me impida ver a las personas como tú las ves.” Quizás hoy Dios ya está trabajando en alguien cercano a nosotros: un vecino, un compañero, un familiar, una persona de otra cultura, religión o trasfondo. Tal vez lo único que falta es que alguien esté dispuesto a obedecer como Pedro. Dios toma la iniciativa. Dios prepara los corazones. Dios abre las puertas. Y cuando Dios abre una puerta para el evangelio, nuestra tarea es no cerrarla con nuestros prejuicios. Que el Señor te bendiga.

