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Jorge Olcina anticipa una caída de hasta diez grados: "Entramos en el tramo final del verano, es difícil que enlacemos olas de calor de cuatro o cinco días, aunque pueda haber algún coletazo"
El programa ‘La Tarde’, conducido por Israel Remuiñán, ha abordado el impacto del verano de 2026, un periodo que apunta a convertirse en el más caluroso de la serie histórica tras encadenar cinco olas de calor. Durante la emisión se han analizado las consecuencias sanitarias de estas temperaturas extremas, que según el sistema MOMO han provocado 1.108 muertes en la primera quincena de agosto y más de 4.000 fallecimientos en lo que va de verano. El doctor José Ignacio Artero, especialista en Medicina de Familia, Urgencias y Medicina General, ha aclarado que la mayor parte de los decesos no responden a golpes de calor directos, sino al agravamiento de patologías previas en pacientes crónicos y personas mayores. A esta compleja situación se suma el deterioro medioambiental y el riesgo de que más del 40% del territorio nacional entre en proceso de desertificación, un escenario ante el que los analistas económicos avisan de los costes del calor extremo en el país. Por su parte, el ecólogo e investigador del CSIC, Fernando Valladares, ha advertido de que la península ha elevado su temperatura media en 1,75 grados desde 1961, transformando los mares en auténticas acumulaciones de energía que amplifican la volatilidad atmosférica. Ante este panorama, Jorge Olcina, meteorólogo y director del Laboratorio del Clima de la Universidad de Alicante, ha anunciado un importante cambio de tiempo que traerá un alivio inmediato a amplias zonas del país. El experto ha detallado que un cambio brusco con descensos térmicos acusados comenzará a notarse de forma generalizada: "A partir de mañana ya notaremos en gran parte de España un descenso de temperaturas, vamos a perder en 5 o 6 días 10 grados". Esta bajada afectará especialmente al norte peninsular, el Cantábrico, la Meseta, Madrid, el valle del Ebro y las áreas de montaña. El meteorólogo ha especificado que el descenso será progresivo, con una primera bajada de cinco grados a la que se sumará otra reducción similar de cara al inicio de la próxima semana. Este retroceso en los termómetros permitirá respirar tanto durante las horas centrales del día como en las noches, aunque Olcina ha precisado que el litoral mediterráneo y gran parte del sur peninsular quedarán más al margen de este alivio inmediato, donde la rampa de salida del verano mantendrá registros todavía elevados. Pese a la persistencia del ambiente cálido en el sur y este, Olcina ha descartado que se repitan los episodios más severos vividos en semanas anteriores. El catedrático ha señalado que "entramos en el tramo final del verano, y aunque pueda haber algún coletazo de algunos días de mayor calor, pero es difícil que pudiéramos enlazar una ola de calor de 4 o 5 días con récord de temperaturas", lo que representa una noticia favorable dentro de un estío marcado por anomalías térmicas constantes. El director del Laboratorio del Clima ha remarcado que la reducción de las temperaturas nocturnas será clave para romper la fatiga térmica acumulada por la población desde el mes de junio. La pérdida de intensidad en la radiación solar y el avance del calendario limitan la capacidad de la atmósfera para sostener situaciones de bloqueo cálido tan prolongadas como las padecidas en julio y principios de agosto. La principal preocupación científica se concentra ahora en el mar Mediterráneo, cuyas aguas han alcanzado anomalías de hasta 6 grados por encima de lo habitual y valores de 23 grados en puntos como la costa valenciana. Olcina ha advertido de que el mar actúa como un acumulador de energía que funciona como combustible: "Si se dan las condiciones atmosféricas favorables, lo que llamamos una situación de gota fría o de DANA, se moviliza mucha cantidad de agua, mucha energía y precipitaciones que caen de borbotón en muy corto tiempo". Olcina ha recordado los precedentes de las danas de 2019 en la cuenca del Segura y la de octubre de 2024 en Valencia, subrayando que el calentamiento marino no garantiza por sí solo una catástrofe, pero sí incrementa el potencial de los episodios de inestabilidad. Por este motivo, el meteorólogo ha concluido que el final del verano y el comienzo del otoño exigen una vigilancia meteorológica minuciosa para anticipar cualquier situación de riesgo en la Península Ibérica o los archipiélagos.






